Michelle 2024

Michelle LaVaughn Robinson Obama es una brillante abogada estadounidense, graduada en Princeton y Harvard, que en los últimos ocho años ha aparcado su propia carrera profesional para acompañar a su marido en la Casa Blanca.

A diferencia de España, donde el presidente no es el jefe del Estado y su cónyuge no tiene un rol definido, aunque sí claras limitaciones (pocas han sido las mujeres que han podido trabajar desde la Moncloa y cuando lo han hecho, les ha seguido la curiosidad y la polémica), en Estados Unidos el cargo de Primera Dama comporta una agenda propia y una oficina para llevarla a cabo. En esta Presidencia tan 2.0 de los Obama, hasta ha estrenado cuenta de Twitter (@FLOTUS).

El talento de Mrs. Obama ha aflorado en el discurso de apenas 15 minutos que ha ofrecido ante la Convención Demócrata. Una intervención tan bien trabajada, tan pegada a la piel de la persona que la pronuncia que no se nota la pluma que está detrás. Un discurso con varias características que lo hacen muy especial:

1.- Profundamente personal. Michelle comienza recordando su propio discurso de hace ocho años en la propia Convención Demócrata (recientemente plagiado por Melania Trump, aspirante a Primera Dama con el candidato republicano) para a continuación hacer memoria de su llegada a la Casa Blanca, de cómo sus hijas han crecido en ella y de su extrañeza al ver a esas niñas rodeadas por primera vez de guardaespaldas.

2.- Las motivaciones. Para Michelle y su marido, el rol de padres es el más importante y esa responsabilidad es la misma que contraen como presidente y como Primera Dama. Al igual que los padres son modelos de conducta  para sus hijos, así lo deben ser los políticos para sus administrados.

Este aspecto no es baladí: Obama está narrando por qué hace política y ha sido ampliamente analizado que revelar la razón de nuestra conducta inspira a los demás. Lo explica mucho mejor que yo Simon Sinek en esta TED Talk, de visión recomendada:

A lo largo de su discurso, Michelle no solamente enuncia de dónde viene su modelo de comportamiento como Primera Dama, también dice por qué quiere una presidenta como Hillary Clinton. De nuevo, las motivaciones.

3.- El guiño a los republicanos descontentos con Trump. Si ni siquiera Ted Cruz fue capaz de avalar a Trump en su discurso en la Convención Republicana, es que el candidato rival genera rechazo. Un rechazo que aprovecha Obama para afirmar que lo que importa no son las ideologías, sino las personas. Por supuesto que Michelle habla en positivo, para decir que su candidata es Hillary Clinton, pero tras sus palabras se trasluce también la mano tendida hacia los republicanos que no se identifican con su candidato.

4.- El llamamiento a la unidad interna. En el reconocimiento de cómo Clinton asumió su derrota frente a Obama en las primarias de 2008 y de cómo desde entonces ha sido una “servidora pública” está un aldabonazo contra la división en el seno del Partido Demócrata.

5.- El orgullo como pueblo. El discurso de Michelle Obama está trufado de menciones al sentimiento de nación de los Estados Unidos y a cómo el país ha ido mejorando a lo largo de su Historia. La más emotiva, sin duda, es su recuerdo de cómo la propia Casa Blanca fue construida por esclavos… y en ella vive ahora una familia afroamericana.

Ese orgullo, encierra, de nuevo, la crítica sutil al oponente: “no dejéis que nadie os diga que este país no es fantástico (…) Éste es, ahora mismo, el mejor país del mundo”, dice Michelle, contraponiendo su confianza en los Estados Unidos con el lema de Donald Trump: “Make America Great Again”.

6.- El poder femenino. Gracias a Hillary Clinton, las hijas de Obama saben que una mujer puede ser presidente de los Estados Unidos, viene a decir Michelle, que considera a la candidata demócrata la mejor situada para ni más ni menos que guiar el país en el que van a independizarse sus hijas.

7.- Y la llamada a la acción: Los recuerdos personales, las motivaciones profundas, el orgullo como país y como mujer, la confianza en Hillary Clinton concluyen de forma enormemente natural en una ilusionante llamada a la acción del Partido Demócrata, al que llama a dejarse la piel hasta las elecciones del mes de noviembre.

Con su formación, su experiencia, con el talento y la empatía que desprenden estos 15 minutos de discurso, ¿sería muy osado decir que estamos ante una candidata a la Casa Blanca tan cualificada, al menos, como su marido o como Hillary Clinton? ¿Hablaremos de una Michelle 2024?

 

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